Normas · Blockchain y DLT

ISO 22739 e ISO 23257: las normas que rigen la confianza en DLT

Cuando dos equipos hablan de "nodo", "token" o "contrato inteligente" sin una definición común, la conversación técnica se convierte en una negociación. Las normas internacionales sobre blockchain y tecnologías de registro distribuido (DLT) existen para eliminar esa ambigüedad y darle a todos —desarrolladores, dirección, clientes y auditores— un mismo punto de partida.

Conviene aclarar algo desde el inicio: estas normas no son un sello que se "obtiene". Son referencias que describen conceptos, estructuras y buenas prácticas. Lo que sí puede obtenerse es una certificación que las use como criterio de evaluación, realizada por una entidad independiente que revise tu sistema frente a ellas y deje constancia del resultado.

ISO 22739: el vocabulario común

Es la norma de terminología del ámbito blockchain y DLT. Fija qué significa cada concepto fundamental del dominio, de modo que un contrato, un pliego técnico o un informe de auditoría no dependan de la interpretación de quien los lee. Parece un detalle menor y no lo es: sin vocabulario compartido no hay evaluación posible, porque auditor y equipo técnico necesitan llamar igual a las mismas cosas antes de discutir si funcionan bien.

ISO 23257: la arquitectura de referencia

Describe una arquitectura de referencia para sistemas basados en DLT: capas, componentes, roles y las relaciones entre ellos. Su utilidad práctica es enorme, porque permite comparar soluciones muy distintas con un mismo mapa. Una red permisionada de trazabilidad logística y una plataforma de identidad digital no se parecen en nada a simple vista, pero sobre esta arquitectura ambas pueden describirse, revisarse y explicarse con el mismo lenguaje estructural.

ISO/TS 23635: gobernanza del sistema

Esta especificación técnica aporta lineamientos de gobernanza para sistemas DLT: cómo se toman las decisiones, cómo se reparten roles y responsabilidades, y cómo se administran los cambios y los riesgos. Es la pieza que traduce la tecnología a términos de dirección, y la que responde la pregunta que todo cliente o inversionista termina haciendo: si algo sale mal, ¿quién responde y bajo qué regla?

De la norma al certificado

Las normas describen; la certificación comprueba. Una evaluación independiente toma estas referencias —ISO 22739, ISO 23257, ISO/TS 23635 y otras aplicables— y las usa como criterio para revisar tu sistema en cuatro niveles progresivos: gobernanza, seguridad, integridad y trazabilidad, y finalmente una evaluación integral que suma smart contracts, privacidad y continuidad. Puedes ver qué revisa exactamente cada nivel en esta guía.

El alcance de esa evaluación lo define tu organización junto con el evaluador, y puede abarcar redes y plataformas blockchain, soluciones empresariales, sistemas de trazabilidad, identidad digital, activos digitales y tokenización —según el alcance permitido—, smart contracts y los procesos organizacionales que se apoyan en la tecnología. El criterio de fondo es siempre el mismo: se certifica lo que el sistema hace y cómo lo hace.

Qué gana la organización

Apoyarse en un marco normativo reconocido produce efectos concretos: mayor confianza de clientes e inversionistas, evidencia independiente sobre la operación del sistema, transparencia y trazabilidad verificable, mejor gestión de riesgos, diferenciación frente a soluciones sin respaldo y soporte documental para procesos de due diligence. También acelera la transformación digital, porque reduce la fricción de adopción: el interlocutor ya no tiene que creer en tu palabra.

En KPI Certification evaluamos como tercera parte, con alcance definido y auditorías de seguimiento que mantienen viva la confianza — conoce los 11 diferenciadores.

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